Vivir estresados

Reconocer que vivimos estresados es todavía complicado en una sociedad en la que la debilidad, el fracaso y el fallo son un estigma.

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Nuria Fernández López

El miedo al fracaso, los éxitos y derrotas nos persiguen, nos agotan y nos someten a una exigencia que a veces nos desarma y nos rompe. Una tensión provocada por situaciones exigentes en extremo con las que nos hemos acostumbrado a vivir, pero que si se prolongan en el tiempo pueden acarrear graves consecuencias. Lo difícil es mantener ese nivel de activación sin experimentar sus desastrosas consecuencias.

Montones de profesionales experimentan los mismos síntomas. Entrenadores, sanitarios, coordinadores de eventos, periodistas, profesores, cocineros o directivos son algunos de los profesionales más estresados. Mucha responsabilidad, horas de trabajo, nuevas tecnologías, sobrecarga y exigencias que llegan por muchos frentes son su talón de Aquiles.

"El estrés se ha inoculado en nuestro sistema nervioso como una epidemia silenciosa de la que pocos escapan. Vivimos en sociedades cada vez más aceleradas y nadie es capaz de pisar el freno".

Las estadísticas indican que "un tercio de los españoles en edad adulta se siente estresados"." Y de ellos, el 53% desarrollará una enfermedad física o sufrirá problemas psíquicos, como ansiedad o depresión." "Los menores de 45 años y las mujeres son los más afectados ", asegura Antonio Cano, catedrático de Psicología de la Universidad Complutense de Madrid y presidente de la Sociedad Española para el Estudio de la Ansiedad y el Estrés. No desconectar, altibajos emocionales, nervios, noches sin dormir, preocupación continua, ansiedad, bloqueo, miedo, etc. son algunos de los indicadores que nos ofrecen una llamada de atención de lo que estamos viviendo.

El doctor César Morcillo, director de medicina interna del hospital Cima de Barcelona, plantea la gran pregunta: ¿Somos conscientes de la tensión que soportamos? Y él mismo responde: "No. Nos creemos invencibles, hasta que el cuerpo o la mente se resiente". Sus pacientes son, en su mayoría, ejecutivos con insomnio o ansiedad o directivos (la mayoría hombres) que tienen que someterse a un chequeo general por prescripción de sus empresas. "Cuando se diagnostica estrés, los pacientes se asustan, pero la mayoría confiesa que no puede frenar".  

"Los puestos en las empresas están diseñados para empleados perfectos y nadie lo es. La gestión de recursos humanos sufre una deformación profesional: no todo es productividad", dice Juan José Fernández, catedrático del Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social de la Universidad de León. En España, los ansiolíticos ocupan el tercer puesto de medicamentos más demandados, casi el 2% de las bajas médicas de 2017 se debieron a un diagnóstico de ansiedad. Una cifra ínfima que, según Juan José Fernández, "no refleja la realidad". "El estrés es muy silente". Un dolor de espalda puede estar producido por la tensión, pero el médico de atención primaria no lo indica en su diagnóstico"...

 

Y con todo esto, ahora la pregunta sería: ¿qué podemos hacer para afrontarlo/superarlo?

 

Los expertos aconsejan trabajar en:

  • Ser consciente de la tensión. Aprender a escuchar los mensajes del cuerpo. Las tensiones que acumulamos son indicadores claros de que algo no funciona como debe.
  • Focalizar la energía en los aspectos positivos y potenciar al máximo nuestros mejores recursos y competencias.
  • Trabajar en el autoconocimiento y en identificar nuestras áreas y momentos más vulnerables.
  • Aprender a descubrir los pensamientos anticipatorios y automáticos que contribuyen a generar ansiedad y malestar psicofisiológico.
  • Aprender a relajarse, buscar aquello que nos sirva como elemento para rebajar la activación. Deportes, hobbies, amigos, familia, etc.
  • Trabajar específicamente áreas como el control de impulsos, la resistencia a la frustración y el aplazamiento de la gratificación.
  • Estar especialmente atentos a nuestros propios pensamientos y auto discurso interno con especial control de los pensamientos negativos, preocuparse consume los recursos que necesitamos para afrontar con éxito diferentes tareas o retos vitales.
  • Ser realistas, conocer los propios límites y no empeñarnos en abarcar aquello que realmente no podamos.
  • Tratar de mantener un ritmo equilibrado de comidas, horas de sueño y actividad física.

Es importante comprender que el afrontamiento puede oscilar en un continuo que va desde la adquisición de un "control" de la situación, hasta el simple "apañárselas como uno pueda" o el control de las emociones suscitadas por el evento estresante, en cualquier caso, es importante ir evolucionando y adquiriendo cada vez más competencias de control, que nos ayuden a posicionarnos en una situación cada vez de mayor dominio. Y como todo, es una cuestión de decisión, voluntad y ejercitación, sabiendo que el mayor desencadenante de estrés no es la propia situación, sino la interpretación y las expectativas que manejamos con respecto a ella.

 

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