Un mal común: la falta de autocontrol.

Esperar pacientemente y pensar las cosas detenidamente, son tareas difíciles para muchos.

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Nuria Fernández López

Roy Baumeister, psicólogo de la Universidad de Florida y autor del libro "WillPower" señala que el autocontrol es la fuerza más grande que tiene el ser humano, aparte del entendimiento.

 

Entendemos como autocontrol "la capacidad de ejercer dominio sobre uno mismo, es decir, de controlar las propias emociones, comportamientos y deseos". Ahí es nada, quien ejerce verdadero autocontrol tiene al alcance de su mano prácticamente cualquier logro. De hecho, las dificultades en autocontrolarnos son la causa de no pocos de los problemas que enfrentamos en las distintas facetas de nuestras vidas.

Entre los principales beneficios que el ser capaces de autorregularnos nos proporciona destacan:

  • La posibilidad de afrontar las situaciones difíciles con mayor eficiencia.
  • La posibilidad de prevenir reacciones de ansiedad, estrés, frustración, enfado, etc.
  • La posibilidad de pensar de forma más clara.
  • Relaciones más positivas con los demás.
  • Tomas de decisiones más eficaces
  • Bienestar emocional

Pero, aunque ejercer autocontrol es sin duda una de las grandes competencias personales que más beneficios reporta, es también una de las más escasas y difíciles en la práctica. Vivimos en un momento de satisfacción de deseos, gustos, motivaciones, impulsos, etc., de forma inmediata. La demora y la espera están casi en extinción. Quien es hoy capaz de demorar y esperar, ya no días, semanas, sino minutos y hasta segundos para obtener una recompensa. Por todos lados se nos bombardea con los beneficios y satisfacciones de la inmediatez, y mientras en esas andamos, luchamos contracorriente para ejercer autocontrol.

El autocontrol es una habilidad compleja, pero uno de sus elementos clave es comprender que somos responsables de nuestras reacciones. Hemos hiperdesarrollado una tendencia a responsabilizar a los demás, entornos, ambiente, etc., a todo y todos, menos a nosotros, de las consecuencias de nuestros actos, vivimos en un continuo "balones fuera", y así, nada hay que hacer. El problema es que cuando deseamos algo, tenemos la necesidad de obtenerlo de forma inmediata, y cuando esto no sucede, nos estresamos, experimentamos emociones negativas, frustración provocada por deseos no satisfechos, lo que hace que nos sea difícil manejar cualquier situación, y sucumbamos a reacciones emocionales totalmente desadaptadas y desproporcionadas en multitud de ocasiones.

La aportación fundamental en el enfoque del autocontrol es el pasar desde una concepción relativamente pasiva a una activa. El autocontrol no tiene nada que ver con la “fuerza de voluntad”. Se concibe como una habilidad entrenable y, por tanto, adquirible en mayor o menor grado. Aunque no es muy frecuente, se hace cada vez más necesario trabajar la competencia del autocontrol, ya no solo en el ámbito personal, sino profesional. Muchos proyectos y relaciones de equipo se ven frustradas por la baja capacidad de ejercer autocontrol. Es frecuente que la línea de actuación se establezca en función de deseos, intereses, necesidades y expectativas personales, con lo que es bastante probable enfrentar "pulsos" y ofensas continuas.

Es más que un reto personal, ya casi una necesidad y lo será todavía más a futuro, por el modelo de sociedad que estamos generando, trabajar en dejar de tener activado por defecto el modo "yo y mis deseos", y empezar a activar el de "autocontrol", que aunque no venga de serie, podemos incorporarlo con un poco de empeño.

 

"Quien conquista a otros es fuerte; más quien se conquista a sí mismo es poderoso" Lao Tsé

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