Inteligencia Emocional Artificial

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Patricia Lanza

 

Cuando por el motivo que sea estamos sufriendo (y en esta vida no faltan motivos para ello) muchas veces desearíamos poder "apagar" de algún modo nuestros sentimientos. Dejar de sufrir podría verse como una bendición, incluso cuando esto conlleve no poder sentir las emociones positivas tampoco. Pero esto no es posible y, además, no sería nada recomendable. Como ya hemos comentado en otras ocasiones, todas las emociones tienen su razón de ser y su importancia en nuestra supervivencia. Sin negar que no estaría de más poder controlarlas un poco más (cosa que teóricamente podríamos hacer), lo cierto es que las emociones son, además, una parte importante de la comunicación humana. Tanto es así que la Inteligencia Artificial ahora está centrada en incrementar la capacidad de las máquinas para detectar e interpretar nuestras emociones.

La inteligencia emocional artificial (Emotion AI) se centra en identificar claves no verbales como las expresiones faciales, los gestos, el tono de voz... para determinar la emoción que está sintiendo la persona. Parece algo sencillo, pero no lo es. Los humanos tenemos una capacidad innata para "leer" los sentimientos en el otro. Sabemos si una sonrisa es sinónimo de alegría, de nerviosismo, de ironía... Pero a las máquinas no les resulta tan fácil diferenciar una cosa de la otra. Y, lo que está claro, es que una cosa es identificar y otra muy distinta, sentir esa emoción. Claro que... ¿es necesariamente obligatorio que las máquinas sientan las emociones? 

La ventaja de que las máquinas identifiquen las emociones y respondan adecuadamente a ellas es mejorar la comunicación entre máquina-humano. Actualmente pasamos gran parte del día interactuando con todo tipo de máquinas. ¿No sería más agradable poder mantener una conversación con, por ejemplo, nuestro teléfono como si de un amigo se tratara?

En la película "Her" (del reciente ganador del Oscar, Joaquin Phoenix, que os recomiendo si no la habéis visto) el protagonista acaba enamorándose y manteniendo una relación sentimental con un sistema operativo. Quizás no se trate de llegar a tanto. ¿O sí? Algunos ya plantean la opción de que en el futuro las relaciones sentimentales se amplíen a máquina-humano. Seguramente mucha gente vea una gran ventaja en poder apagar literalmente a su pareja cuando le moleste o se canse de ella. Desde luego, hay mucho que discutir al respecto. Los temas éticos que derivan de esto son bastante espinosos y, desde el punto de vista legal, también hay mucho camino por andar.

Está claro que los beneficios que esta tecnología pueden traer consigo son innumerables: identificación de la depresión y prevención del suicidio, mejora de la experiencia de compra, reducción de los accidentes al volante, etc. Pero las alarmas también saltan por otros posibles usos menos lícitos que supongan la manipulación contra nuestra voluntad de algo tan personal como nuestras emociones.

Como todo, al final se trata del uso que se haga de ello. Lo que está claro es que la tecnología tiene un amplio campo sobre el que trabajar que no va a estar falto de retos, oportunidades y voces en contra.

 

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