Experiencia emocional

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Nuria Fernández López

El término afrontamiento hace referencia a los diversos esfuerzos que realiza la persona para librarse de experiencias emocionales negativas, sin embargo, el término regulación emocional es más amplio, ya que hace referencia no sólo a las emociones negativas, sino también a las positivas. Aunque en muchas ocasiones se utilizan ambos términos como si fuesen sinónimos, lo cierto es que no lo son.

En términos absolutos, las estrategias de regulación emocional, y de afrontamiento, no se pueden considerar intrínsecamente positivas o negativas, ya que su eficacia varía mucho dependiendo de la persona, de la situación o de las metas que se persigan.

El concepto de regulación emocional significa que las personas son capaces de manejar las emociones que experimentan. Se posicionan ante sus emociones, las reconocen, pueden ver cómo les afectan, y aprenden a reconstruir escenarios emocionales para hacerlas más adaptivas a sus necesidades. Conviene aclarar que hablar de manejo de las emociones, no significa que éste sea un proceso voluntario y planificado. La regulación no siempre es voluntaria; de hecho, muchas veces no lo es. La forma en que regulemos nuestras emociones va a condicionar nuestro bienestar subjetivo.

De modo general, el afrontamiento se refiere a un conjunto de esfuerzos dirigidos a manejar del mejor modo posible (reduciendo, minimizando, tolerando o controlando) las demandas internas y ambientales excesivas o estresantes.

Lazarus y Folkman (1986) haciendo referencia al afrontamiento, plantean que no puede considerarse ninguna estrategia esencialmente mejor o peor que otra. El juicio acerca de la adecuación de una determinada estrategia debe hacerse teniendo en cuenta el contexto en que se produce. Son muchos los autores que insisten en esta cuestión: muchas formas de afrontamiento pueden ser beneficiosas para determinadas personas en ciertas situaciones, y perjudiciales para otras o para esas mismas personas en otras situaciones.

El modo de regulación emocional "seguro" puede variar mucho de unos individuos a otros, según las situaciones y según sus necesidades. Aunque no pueda afirmarse rotundamente que hay estrategias que siempre resultan positivas o negativas, no podemos negar que, en general, hay formas de regulación que son mejores que otras.

El darle vueltas una y otra vez a un mismo acontecimiento doloroso, desconcertante o preocupante, suele ser una rutina bastante habitual en nuestra vida para tratar de entender lo que ocurrió, sin embargo, generalmente, es más un obstáculo que una ayuda para regular una experiencia dolorosa. Con la carga emocional resulta difícil ordenar las ideas, éstas tienden más bien a agolparse y enmarañarse, y vuelven cada vez más confuso el problema. Además, el mismo pensamiento confuso, exige seguir pensando para tratar de encontrar alguna luz que lo ilumine, y al final se nos "hace bola".

Ya venimos hablando que atender el componente emocional de las personas en el contexto de las organizaciones es cada vez más relevante, por no decir imprescindible. Ya no es algo que se pueda obviar, y  será lo que marque la diferencia cualitativa entre unas organizaciones y otras. Cada vez más la investigación sugiere que el camino a recorrer es ofrecer recursos a las personas para acompañarlas en una mayor y más profunda conciencia de sus emociones, y como estas les afectan en los contextos y roles en los que desempeñan su actividad.

Fuente: Revista Mexicana de Psicología


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