Coaching Navideno

Un buen momento para hacer una reflexión personal y recuperar la consciencia de que somos absolutamente responsables de nuestras vida y de nuestra felicidad.

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Alicia Jiménez

La Navidad es un puro coaching. Más allá de las convicciones y sentimientos religiosos de cada uno, la Navidad es un momento de encuentro y renovación. Encuentro con la familia, los amigos... vuelta al origen, a lo que soy. Y después cruzar la línea invisible que separa el año viejo del año nuevo, todos a la vez. En ese momento se mueve una energía distinta en la Tierra. Es la energía de la esperanza, la de tomar consciencia de que algo está aún por definirse.  Es sentir que podemos crear lo que sucederá ese año nuevo que comienza, hacernos cargo de nuestra vida y nuestra felicidad.

Los  propósitos de Año Nuevo encierran un deseo muy profundo de renovación.  Aunque lo hayamos convertido en un tópico del "autosabotaje", ya que muchos se hacen a si mismos promesas criminales cada año, que saben que no van a cumplir. Sea como sea, tienen valor en si mismos, son un atisbo de consciencia de que la vida que vivamos será la vida que  elijamos y que si dejas que otras personas, tus adicciones, tu hipoteca o tus miedos decidan por ti, hay algo de plenitud que dejas en el camino y que no volverá nunca.

La plenitud tiene mucho que ver con conocer nuestros valores, con recordar cuándo hemos sido plenos en nuestra vida e identificar qué era lo realmente importante para nosotros de ese momento. ¿Qué valores personales contenían la esencia de la plenitud que sentíamos?

Yo hice este ejercicio de visualización hace poco y me vi en el verano de mis 18 años, en las fiestas del pueblo de mis abuelos, con  un novio que tenía. Rodeada de mis familiares y amigos... recordaba conversaciones en las que nos moríamos de risa. Ese fue el momento de plenitud que me vino a la cabeza. Me quedé bastante confusa pues ese antiguo novio es ahora un buen amigo y tengo una relación estupenda con su mujer y sus dos preciosas hijas. Y de pronto lo vi claro... no era ese novio, ni tampoco los 18 años... ¡que quien los pillara!. Lo esencial, lo que era especialmente cierto de mi en ese momento es que vivía sin miedo y apasionadamente. Eran los momentos creativos y divertidos, conversaciones llenas de magia. Era el arraigo sereno a mi familia, que siempre me ha permitido ser libre. Eso era lo esencial, luchaba por lo que quería, compartía conversaciones y momentos "mágicos", me sentía serena y orgullosa de ese arraigo.

No sé en qué momento me fui cargando de otras dudas y temores, de un montón de excusas y reservas, de reproches hacia mis mayores que sonaban de lo más racional.

Mi regalo de Navidad para quien lea este post es una petición. Cerrad los ojos en un lugar tranquilo y agradable. Recordad un momento de vuestra vida en el que os hayáis sentido plenos. Sentid cómo os sentíais entonces y responded a esta pregunta:

¿Qué era especialmente cierto de cada uno de vosotros en ese momento?

Esa visión os revelará cuáles son los valores que os dan plenitud. Quizás un buen propósito de Año nuevo sea honrar esos valores durante el 2011.

Yo por mi parte voy a luchar por vivir más plenamente, cueste lo que cueste. Voy a provocar conversaciones extraordinarias, creativas y mágicas, de esas en las que cada uno revela un poco más de los que las  convenciones establecen. Voy a morirme de risa allí donde encuentre un cómplice y si no, lo haré sola. Voy a explorar de nuevas formas el orgullo de pertenecer a mi familia, ahora que muchos de los que estaban cuando yo tenía 18 años ya no están. Voy a honrar a los que están.

Espero que este año nuevo os pongáis nuevos retos conectados con los valores que os dan mayor plenitud. En el caso de aquellos que queráis libraros de algún hábito o adicción os animo a ver el vídeo  "Felicidad y voluntad" del programa REDES.  Espero que encontréis un estímulo para vuestros propósitos de año nuevo.

 

 

Para este 2011 os deseo a todos...¡ Mucha plenitud!

 

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