Aprenda a decir si

La gran dificultad que tienen algunas personas para decir SI.

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Alicia Jiménez

 

Sí, ha leído usted bien. Existe mucha ciencia y opinión acerca de las dificultades que provoca en nuestras vidas la incapacidad para decir NO, sin embargo muy poca de cómo nos limita la incapacidad para decir SÍ.

Tengo la sospecha de que una de mis más queridas amigas no sabe decir SÍ. Sin embargo, dice NO con gran resolución y dignidad. Jamás acepta condiciones insatisfactorias en una negociación, ni cede a chantajes emocionales, ni sobreprotege a otros sin establecerles límites. Su dificultad claramente es otra.

Les pondré un ejemplo: si la llamo para proponerle un plan, se irrita. Ese día y justo a esa hora tenía previsto poner una lavadora. Si tiene un compromiso incómodo, como la boda de un pariente lejano, protesta durante meses por lo mal que le viene la fecha. Se queja constantemente de su sueldo, aunque su trabajo le encanta. Una vez le regalé un viaje sorpresa de fin de semana y estuvo los dos días quejándose del descalabro que el “imprevisto” había hecho en su rutina.

Ante sus reacciones de enfado y habiendo comprobado varias veces su solvencia en lo que a decir NO se refiere, le sugerí las correspondientes alternativas:

“No te preocupes, no vengas si no quieres”, “ avisa y dí que no vas a la boda”, “cambia de trabajo”, “podemos postponerlo a otro fin de semana”.

Mi sorpresa fue comprobar que estas alternativas le provocaban casi el mismo grado de “cabreo” que las propuestas iniciales. Entonces lo vi claro. Rescaté de mi memoria mil episodios de nuestra amistad que así lo confirmaban, mi amiga no sabía decir SÍ, ni siquiera cuando en el fondo deseaba hacerlo. Cada alternativa le resultaba más amenazante que la anterior, tan pronto como atisbaba la más mínima dificultad o inconveniente. Se hacia pagar muy caro a si misma y a cuantos la rodeábamos los aspectos negativos de cada decisión que tomaba libremente.

 

 

Decir SÍ, es un gesto de autoridad personal que revela a los demás “quienes somos”, a qué estamos dispuestos, qué nos interesa, en qué somos buenos, qué nos motiva y compromete, qué perseguimos y deseamos.

Es un auténtico reto mantener nuestros SIES, especialmente cuando las condiciones no son óptimas, cuando los recursos son escasos o precarios, cuando las personas son “difíciles” y nada sucede tal y cómo lo imaginábamos.

Si quiere aprender a decir SÍ, deje de quejarse de una vez y hágase tres preguntas:

• Primera pregunta: ¿Cuál es su proyecto personal, lo que le gustaría que “fuera”, aquello a lo que diría SÍ?

• Segunda pregunta: tenga esperanza. ¿Cómo puede hacer crecer su proyecto personal dentro de algo que ya “es”, por ejemplo en su empresa, en su familia, en su pueblo, en su pareja?

• Tercera pregunta: tenga humildad. ¿Cómo puede ayudar a otros a que le ayuden?.

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